viernes, 26 de octubre de 2007

Galileo y el cambio climático

Orac describió en su blog de forma muy clara el "Gambito de Galileo" (también denominado en otros foros "Falacia de Galileo"):

"Los pseudocientíficos invocan a Galileo y a otros cientificos como Ignaz Semmelweiss, que fueron incialmente rechazados por la ortodoxia científica de su tiempo y tuvieron que luchar para que sus ideas se aceptasen. La implicación es, por supuesto, que sus ideas, sean las que sean (medicina alternativa, diseño inteligente, negacionismo del Holocausto, habilidades psíquicas, etc.), están al mismo nivel que Galileo o Semmelweiss. [...] esta técnica busca denigrar a los expertos que rechazan sus afirmaciones como ignorantes o cerrados de mente, incapaces de tener su visión. También intenta asociar de forma engañosa al charlatán, chiflado, pseudocientífico o pseudohistoriador con las teorías y descubrimientos de grandes visionarios que iban contra la sabiduría convencional y fueron por tanto rechazadas por los expertos del momento - y luego demostradas como correctas. Es una estratagema transparente, sobre la cual Michael Shermer dijo una vez: 'Herejía no es igual a exactitud.' "

(Original: "Alties frequently invoke Galileo and other scientists like Ignaz Semmelweiss, who were at first rejected by the scientific orthodoxy of the time and had to fight to get their ideas accepted. The implication, of course, is that their ideas, whatever they may be (alternative medicine, intelligent design, Holocaust denial, psychic abilities, etc.), are on the same plane as those of Galileo or Semmelweiss. [...] this technique seeks to denigrate the experts who reject the altie's claims as not knowing what they're talking about or as close-minded, unable to have the vision that they do. It also deceptively tries to associate the quack, crank, pseudoscientist, or pseudohistorian with the theories and findings of great visionaries that went against conventional wisdom and were thus rejected by the experts of the day--and then later shown to be correct. It's a transparent ploy, about which Michael Shermer once said, 'Heresy does not equal correctness.' ")

Adicionalmente está la extensión de lo que en este artículo se circunscribe a los Estado Unidos, pero que creo que nadie duda de que existe en todo el mundo: según un estudio de la universidad de Yale la mayoría de los americanos cree que tienen todo el derecho no sólo a sus opiniones, sino a sus hechos. Es decir, que la mayoría de las personas cuadran los hechos para que encajen con sus valores.

Ejemplos es esta forma de pensar se encuentran al respecto del SIDA, de las causas del autismo, de la efectividad de la vacunación obligatoria, de la llamada medicina alternativa, del efecto del tabaco en los fumadores pasivos, etc.

Todo esto viene a colación de las famosas declaraciones de Mariano Rajoy sobre su primo y el cambio climático. Para que no se me acuse de distorsionar, citaré de este artículo del periódico más cercano a Rajoy:

"[...] Y en esto que el líder del primer partido de la oposición, y en un discurso políticamente incorrecto, señaló que si bien considera que es necesario estar «muy atentos» a los problemas que pueda provocar el cambio climático, piensa que «tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial», ya que, en su opinión, hay «problemas más importantes», como los del sector energético, además de opiniones contradictorias entre los mismos especialistas sobre el tan traído y llevado asunto.

La fuente informante de Rajoy es, en este caso, un primo suyo catedrático de Física en la Universidad de Sevilla, quien reunió, según la versión del líder popular, a «los diez mejores científicos del mundo» y que ninguno fue capaz de decirle «el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla». Por ello, ironizó preguntándose: «¿Cómo puede predecir alguien lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?»."

Se veía venir, después de la reacción de los mal autodenominados liberales españoles al premio Nobel a Al Gore y al IPCC (incluídos algunos "intelectuales"). Este artículo en uno de los diarios digitales liberales (sic) que aspira a ser "El Nuevo Alcázar" es un ejemplo típico, al que sólo vale la pena echar una ojeada por esta joya impagable con la que el redactor acaba: "Y han sido los empresarios asturianos quienes han dado la voz de alerta. ¡Otra vez la esperanza está en Covadonga!".

Por supuesto, después de tirar la piedra se intenta esconder la mano y se cierran filas: Rajoy no niega la existencia del cambio climático sino su exageración interesada, Rajoy estaba de broma, Rajoy votó a favor el tratado de Kyoto, etc. Puro cinismo y ganas de marear la perdiz, pero no descubro nada nuevo. Todo esto no tiene nada que ver con la ciencia climatológica y todo con la política. Sólo había que ver la reacción de los medios de comunicación afines al día siguiente de los hechos, por ejemplo ésta.

Las últimas semanas han visto una multiplicación ad-infinitum de los ataques personales a Al Gore (aquello de matar al mensajero...) y de la utilización de la falacia del hombre de paja. Y muchos medios se han hecho eco de los llamados "9 errores" en la película "An inconvenient truth". Al respecto de estos supuestos errores hay suficiente información (por ejemplo aquí, aquí y aquí) y no creo que valga la pena repetirla aquí. En el blog Respectful Insolence lo dejan bien claro:

"Mientras los debates científicos de verdad entre científicos pueden ser iluminadores, los pseudocientíficos no están limitados por la evidencia o por una representación adecuada del estado de la ciencia. Esto quiere decir que pueden enfatizar la retórica y las tácticas de debate sobre la substancia."

(Original: "While true scientific debates between scientists can sometimes be illuminating, pseudoscientists aren't bound by evidence or an accurate representation of the state of science. This means that they can emphasize rhetoric and debating tactics over substance.")

No hace tanto tiempo que esta misma gente negaba la existencia del efecto invernadero y en general del cambio climático. Ahora que la evidencia es tan abrumadora toca cambiar de táctica. Se ha pasado de negar su existencia a afirmar que no debe ser una prioridad o a que es imposible saber cómo reaccionar. Por no hablar de las continuas referencias al "pensamiento único ecologista", a "la religión del cambio climático", etc. La editorial del ABC del miércoles es un ejemplo particularmente perverso de la utilización de la retórica en este asunto, y un paso más en la creación del Moloch eco-marxista que amenaza el bienestar de los ciudadanos de bien.

Aparte del ya desacreditado Michael Crichton, el "científico" que se utiliza normalmente para justificar el cambio de rumbo (de la negación a la despriorización) es el danés Bjørn Lomborg (hay bastante información por las internets sobre los argumentos de este doctor en ciencias políticas, para el que le interese) al que más de una vez se le ha presentado como el Galileo frente a los sacerdotes del cambio climático. Según explica él y aquellos que le apoyan, empezó como ecologista convencido y defensor de Greenpeace (¡eh! ¡que dio dinero en una colecta!) para darse cuenta de que estaba equivocado (vamos, todo un "born-again"). La tesis de Lomborg (y de Rajoy, y de Bush) es que el dinero que se gaste en intentar evitar el supuesto desastre climático que se avecina no se gastará en otras cosas más importantes. Bueno, y que a lo mejor el cambio climático tampoco es una cosa tan mala después de todo. Tesis que se desacreditan por sí solas.

No nos engañemos, el tema es complicado y se está escapando de las manos de los científicos para entrar en el campo de la lucha política, con simplificaciones y retórica barata en ambos frentes, pero especialmente en el de los "escépticos". Mientras se dice que no hay un debate abierto sobre el tema, se utiliza la censura para silenciar los efectos que el cambio climático tiene y tendrá en la salud de las personas, al mismo tiempo que aparecen alarmantes estudios.

Algo más de información sobre el tema se puede encontrar en el New York Times, en el informe Stern o en la ONU, por ejemplo.

 


Dibujo de las fases de la luna, por Galileo Galilei