domingo, 11 de noviembre de 2007

Amor y muerte en Tiziano

Puedo decir que hay un momento en el que empiezo a entender el arte antiguo de una manera distinta a como lo había hecho. Ese momento es cuando veo por primera vez por televisión la serie documental de la BBC "Renaissance" de Andrew Graham-Dixon. Y en particular el episodio dedicado a Venecia, titulado "Luz y libertad". A propósito de la exposición de Tiziano que visité la semana pasada en Viena, me voy a permitir la osadía de copiar y traducir un par de fragmentos del libro editado para acompañar la mencionada serie de televisión.

 

Ariadna ha sido abandonada por su amante, Teseo. Despierta de repente, con las ropas desaliñadas, agita su mano desesperadamente hacia el mar, donde el barco de Teseo no es más que un punto desapareciendo en el horizonte azul. Pero mientras un amante se va, otro se materializa milagrosamente, anunciado por un chasquido de címbalos. Cuando se gira para mirar, ve al dios del vino, Baco, saltando hacia ella desde un carro dorado tirado por leopardos. Ceñida su frente con hojas de parra, con una túnica de seda púrpura-rosada hinchada por el viento en sus hombros, Baco está congelado en el aire con una expresión de enamoramiento en su cara. Detenido en medio de su jolgorio, acompañado por un séquito de ninfas y sátiros que forman una bacanal ya olvidada, parece aturdido por la emoción. Baco mira fijamente a Ariadna. Ariadna le devuelve la mirada. La energía que cruza el vacío entre ellos casi se puede palpar. El fragmento de cielo que separa sus caras parece él mismo inyectado de sentimiento - un cielo de amanecer, azul modulado con restos de amarillo, apropiado para el tema del amor naciente.

ariadna_baco

Tiziano (o Tiziano Vecellio, c. 1485-1576) pintó Baco y Ariadna en Venecia al inicio de la década de 1520. Ahora, como tantas otras grandes pinturas venecianas, no está en la ciudad misma, sino en la National Gallery de Londres. El tema principal del artista no es, a pesar de las apariencias, el encuentro de Baco y la abandonada Ariadna en la isla de Naxos. Tiziano ha tomado la mitología como un pretexto para explayarse en un aspecto de la vida. "Baco y Ariadna" es una inolvidable representación del amor a primera vista. El artista ha representado la forma en que el mundo parece detenerse en el momento en que dos personas se enamoran.

Tiziano nos habla así, desde hace 500 años de algo que es una constante en la vida del ser humano. La otra (inevitable) constante es la muerte. Y sobre ella pintó Tiziano cuando veía la suya acercarse.

Al final de su vida Tiziano pintó una Pietà, una imagen del Cristo muerto con acompañantes, que el artista tenía la intención de colocar sobre su tumba en la iglesia de los Frari. Murió de la peste, antes de poder finalizarla, en 1576, y los últimos retoques fueron aplicados respetuosamente por Palma Giovane. Es una obra que habla con elocuencia mórbida de la desparición de un hombre. Al final, Tiziano forjó una especie de violencia con su técnica. Lo que antaño era colores brillantes se ha vuelto gris. La carne que fue en algún momento casi palpitantemente viva ha muerto. El mosaico en el ábside sobre el cuerpo inerte de Cristo brilla, pero con una luz tan apagada que es casi imposible discernir la imagen del pelícano picoteando su pecho, símbolo tradicional del sacrificio de Cristo, formada de forma tan imprecisa por las piedrecillas. La antorcha aguantada por un ángel melancólico (pintado por Palma) se consume como una vela moribunda. Las estatuas a ambos lados de la escena de duelo parecen ellas mismas estar a punto de desintegrarse. En este mundo donde todo está desapareciendo, la pintura misma parece estar a punto de disolverse.

pieta_zoom

El cuerpo muerto de Cristo es un borrón, una representación fallida - podría parecer una chapuza - que es, quizás, el toque más profundo de todos. Al tiempo que las sombras devoran esta frágil carne, al tiempo que el cadáver parece desaparecer y desenfocarse ante el ojo del observador, aparece claramente que lo que Tiziano ha pintado no es una cosa, un cuerpo, sino el proceso mismo de la muerte. Mientras miramos algo que sabemos que nunca, en realidad, podremos mirar fijamente - ese es el verdadero significado de esta indistinta y al mismo tiempo infinitamente patética cabeza con su distante, extraña, desviada medio-mueca de la conciencia desaparecida - porque se encuentra alejada y más allá de nosotros. La muerte es otro país, que no conoceremos hasta que lleguemos a él, y a lo mejor ni entonces. Tiziano se incluyó a sí mismo en la figura de San Jerónimo, aguantando la pálida mano de Cristo y mirando fijamente sus ojos, como si contemplara su propio misterio.

Como una trágica coda, su hijo Orazio murió poco tiempo después, también de la peste, y su mansión fue saqueada durante la epidemia.