domingo, 3 de agosto de 2008

London: Museos

Con una semana de retraso sobre lo prometido, unas notas sobre los museos vistos en mi reciente visita a Londres.

Tres días pueden parecer pocos, pero para una persona sin sentido de la mesura como yo puede dar para visitar unos seis museos, ver dos películas, patearse (repetidamente) Westminster y la City (además de partes selectas de algunos de los otros barrios de Londres) y convertirse en un experto navegador del tube.

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El primer museo en caer fue el Tate Britain, especializado en artistas británicos. En el interior del museo hay estos días una "performance" (por falta de mejor nombre) de Martin Creed: Work no. 850. Puede parecer una tontería, eso de tener a una persona corriendo de una punta a otra del hall principal del museo cada minuto, pero así en directo tiene su qué.

Tengo una fascinación por la pintura simbolista, y por sus primos los prerafaelitas, de los cuales hay unas cuantas obras en el Tate. En particular me llamó la atención la Anunciacion de Rossetti, por lo que dice de la evolución de la pintura si se compara con cómo ha sido pintada esta escena a lo largo de la historia (por ejemplo, por Fra Angelico).

Otras obras interesantes: los Hogarth, Blake, Constable e incluso el Sueño del Rey Arturo en Avalon.

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El segundo, y para mi gusto el más interesante fue el museo de Sir John Soane, sobre el que poco se puede decir: hay que verlo. Lástima que no conociera los archivos mp3 con visitas guiadas que se pueden descargar en su web. Para la próxima visita.

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De ahí, a la Tate Modern. La exposición de Cy Twombly no me gustó, pero es que el expresionismo abstracto no me acaba de convencer. Más interesante era la exposición de fotos Street and Studio.

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Otra visita que me sorprendió gratamente fue la Courtauld Gallery en la enorme Somerset House junto al Támesis. Aunque mi gusto por los impresionistas (y postimpresionistas) ha ido decayendo con el tiempo, Degas y Renoir siguen entre mis favoritos, y aquí tienen algunos ejemplos fantásticos, junto a algunos Monet, Gauguin e incluso un van Gogh. La exposición de Cezanne estaba bien, pero no soy un fan suyo. No es ese el caso de Turner, que tras esta visita ha ganado puntos en la apreciación que tengo de su obra.

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El British Museum es una pasada, y me fastidió mucho (pero mucho) perderme la exposición sobre Adriano por un par de días. Como premio de consolación, la exhibición de grabados de artistas americanos también estuvo bien.

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Finalmente, una visita a la Royal Academy, que tenía su presentación anual de obras de los miembros de la academia. Algunas interesantes, pero muchas difíciles de apreciar por la cantidad de gente.

Un par de pisos más arriba, las pinturas de Hammershøi ofrecían un resquicio de paz y sosiego: habitaciones y calles vacías y frías que, a pesar de todo, resultan hipnóticas.